Reflexiones sobre la Identidad Nacional
por Pablo Bereciartúa

Identidad es consenso y el consenso es confianza. Confianza, una palabra repetida incontable cantidad de veces en los últimos meses en nuestro país, es el requisito primero para poder imaginar un futuro conjunto y superar las crisis que siempre se presentan.

Los pueblos que perduran y crecen, y en general cualquier grupo de personas que actúan en forma conjunta por propia voluntad, lo hacen sobre la base de determinados consensos. En un nivel simbólico uno puede pensar en pueblos con historias prolongadas, tales como alemanes, franceses, italianos u holandeses, y encontrar rasgos e iconos característicos que les están asociados. Es así que es natural asociar a Holanda con molinos de viento o tulipanes, o encontrar formas características de comportamiento, tales como la vocación industrial de los alemanes, la naturaleza emprendedora de norteamericanos o italianos, o la vocación cívica de los franceses.

En este sentido, es interesante pensar a la identidad como un resultado y un proceso al mismo tiempo. Un resultado en cuanto surge de la historia y en buena medida se hereda a través de la cultura y las tradiciones. Pero también un proceso en cuanto se trata de una característica en constante cambio, ya sea como respuesta a desafíos impuestos por las circunstancias o como consecuencia de las decisiones adrede realizadas por los mismos pueblos en distintos momentos históricos.

Nuestro país es un caso particularmente notable en este último aspecto. Luego de la independencia, resultado de eventos geopolíticos en buena medida ajenos a esta geografía, la América hispánica fue un lugar de intensas disputas sobre lo que debía suceder, el tipo de gobierno y organización nacional que debía instalarse, el rol de las provincias y la capital, etc.

Sin ánimos de extenderme en detalles por todos conocidos, llevó aproximadamente cuatro décadas lograr establecer un consenso sobre la organización nacional y los principales derechos y deberes que iban a constituir la nacionalidad argentina. Es consenso fue en buena medida enriquecido por las grandes ideas de lo que luego se conoció como la generación del 37, que incluyó a pensadores y hacedores como Sarmiento, Alberdi, Fidel López o Echevarria entre otros, y que luego de la batalla de Caseros se plasmó en la Constitución de 1853. Estos consensos sentaron las bases para la organización nacional implementada por la generación del 80, y sorprendieron al mundo por su éxito hacia principios del siglo XX convirtiendo a nuestro país, en uno de países más prósperos del planeta, con notables desarrollos en la educación, la ciencia y las artes.

Hoy el tema de la identidad nacional es un tema recurrente en todos las latitudes, debido a los procesos de globalización y regionalización que esta viviendo el planeta, pero parece particularmente relevante para la Argentina, que enfrenta un crisis propia y especifica, en mi opinión mucho más fruto de su propia historia y de su crisis de identidad, que de aquellos cambios globales.

Como mencioné recién la identidad es, quizás sobretodo, un proceso de constantes cambios a veces más lentos y otras más rápidos (en las crisis), y es allí donde me pregunto frente a la crisis actual: ¿cuáles son las grandes ideas que van a sustentar los consensos necesarios para imaginar un futuro conjunto?, y más profundamente, ¿si disponemos de un grupo de pensadores y hacedores, análogo a la generación del 37, que sea capaz de generar esas ficciones orientadoras de identidad y transformarlas en consensos para construir un futuro?

Para reflexionar sobre estos temas hemos invitado, como oradores, a Sebastian Guerrini y Sergio Visakosky, dos miembros de Acaneb que han estudiado el tema desde ángulos distintos y complementarios. Espero que estas exposiciones nos alimenten la reflexión sobre este tema tan importante para construir consensos y por tanto imaginar un futuro conjunto mejor.

© copyright 2001 - Consultas y sugerencias webmaster@acaneb.org.ar