El
trabajo no abunda, los salarios son cada vez más bajos, los problemas se
multiplican. Difícil imaginar que pasen menos de cinco años hasta
volver a los niveles de empleo de 1995 o 1987 y mucho más difícil
resulta imaginar cuándo volverán aquellos salarios.
Es en estas circunstancias
que veo como un verdadero ejemplo a los vecinos de La Cava que entran y salen
del barrio diariamente para ir a trabajar. Tener trabajo hoy se siente un privilegio,
mucho más para quien vive en un medio acosado por la sospecha permanente,
donde se multiplican las historias, las malas noticias, con responsabilidades
que se le achacan a quienes allí viven.
Responsables
todos? Cuántos? Por qué? Algunos, muchos, ninguno. Depende si el
que opina es la maestra, el comisario, el sacerdote, la concejal o el investigador
social.
Si
hay algo que está en crisis en nuestro país es el tema de las responsabilidades.
Primero hay que
ponerse de acuerdo a partir de cuándo se está hablando y en este
sentido conviene darse cuenta que no somos nosotros los primeros de la fila que
apuntamos con el dedo a los culpables marcando el futuro, en realidad somos los
últimos de la cola, detrás de quienes nos preceden y nos precedieron.
Desde este lugar
es mas fácil decir lo que uno ve sobre lo que se quiere hacer y por qué
lo que se quiere hacer con La Cava es tan inconveniente para la sociedad de San
Isidro como lo que se quiere hacer con la costa o con el predio de la ex O.S.N.
o con el hipódromo. Como un dato no menor: allí no habitan ni escombros
ni muestran los caballos su destreza, viven personas. Hace falta no pasar por
alto que en el tema del Club de Equitación Hípico del Norte, existe
una sentencia firme, por la cual las tierras deben tener como destino la construcción
de viviendas, lo concreto es que pasan los años y no pasa nada como si
no se quisiera que en esas tierras viva gente humilde.
El
municipio de San Isidro se estructura todo, gobernado por una premisa que marcha
siempre en la punta: el valor de la tierra. Varios cuerpos atrás vienen
los decretos y mucho más lejos las ordenanzas. No descalifica esto a las
autoridades ejecutivas ni legislativas de las cuales formo parte, pero sí
reconoce que donde podría haber un parque habrá un megacentro comercial,
donde hay una villa se quiere hacer un barrio sin decir dónde va a ir a
parar la mayoria de la gente que no cabe, y donde hay algo de costa natural, se
quiere rellenar, rellenar y rellenar, sin decir cuantos metros ni para qué.
Poderoso caballero
es don dinero.
El
contexto se impone y no ayuda a buscar otro norte. Vivimos en un país privilegiado
que tiene una crisis honda y a cada rato se nos van presentando dos caminos, o
tomamos por el camino de la solidaridad o le seguimos rindiendo subordinación
al dinero.
El
camino intermedio es el lugar de la actividad privada, pero si hablamos de políticas
públicas el resultado es claro: caen los ingresos y se concentran, caen
las industrias que pueden recomponer el empleo, vivimos llenos de pavadas para
consumir que sólo se justifican por la plata que debe dejarle al contrabando,
y la elite financiera marca el paso hacia un abismo para la inmensa mayoria de
la población, aunque ella y los papeles de la deuda "garantizados"
con la recaudación que guardan en sus cajas de seguridad estén a
salvo del desastre continuado. ¿Vamos a esperar que las elites financieras
del mundo reconozcan que estalló el paradigma neoliberal o intentamos un
camino más realista para nuestro futuro como país?
Con la solidaridad fortaleceremos
-aunque demore- la sociedad del futuro y se irán haciendo cambios que nos
serán útiles a todos. El camino del dinero puede ser una opción
pero digamos la verdad, lo que tiene pocos defensores hoy son las cosas públicas,
por esto cada vez va resultar mas difícil poder brindar para todos la salud
y la educación que tuvimos hasta hace poco. Al paso que vamos quedará
como un recuerdo, incluso para los dirigentes del PJ que accedan al gobierno.
Privilegiamos
un sistema de organización político que aunque todavía dure,
va a menos, se cae comprimido por sus propios limites y mientras más tarde
en cambiar menos creíbles serán quienes hoy lo sostienen. La razón
es sencilla, es tan honda la crisis que aunque todavía cueste mucho entenderlo
tienen más chances de ser aceptados los liderazgos que propongan reglas
claras.
Los grandes factores económicos son los que señalan fuera de los
cómputos electorales quién tiene el verdadero poder en el país.
Que algunos de los que los representan nos hallan elegido como su lugar de residencia
es casi anecdótico, somos un municipio que siempre tuvo entre su gente
banqueros, empresarios y diplomáticos extranjeros y aquí el m2 de
tierra seguirá siendo caro y escaso.
San
Isidro vende status y por eso se machaca con que San Isidro es distinto, como
si fuera una varita mágica que da más valor que el que se tiene
o muestra una moneda con brillo aunque también sea lo que falte. ¿Qué
nos tiene tan obnubilados que confundimos la Biblia con el calefón ?
Poderoso
caballero es don dinero.
Marcos
Lohlé.
Diciembre
de 2001.