Es
bien conocida la difusión del tabaquismo en todo el mundo a lo largo del
siglo XX. El uso del cigarrillo en los diferentes países ha alcanzado cifras
variadas, dependiendo de factores sociales, culturales y económicos; de
la misma manera, en muchos países existen diferencias marcadas entre varones
y mujeres. En los países industrializados el aumento del consumo de tabaco
fue creciendo en forma ininterrumpida hasta mediados del siglo pasado. En esa
época, empezaron a hacerse conocer algunos estudios científicos
que relacionaban el aumento de dicho consumo con la aparición y aumento
de enfermedades respiratorias como el cáncer primitivo del pulmón.
Rápidamente, en pocas décadas, las autoridades sanitarias de algunos
países como los EEUU, Gran Bretaña y otros países europeos,
iniciaron una política de información y educación para todos
los habitantes acerca de los efectos nocivos de ese hábito y la necesidad
de suprimirlo en bien de la salud.
Instituciones
internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptaron
también políticas activas incitando a la población de todo
el mundo a suprimir un hábito que producía millones de muertes anualmente
como consecuencia de las enfermedades tabaco-dependientes. La enorme cantidad
de trabajos científicos publicados en la segunda mitad del siglo XX refiriendo
la cantidad de enfermedades y la mortalidad por haber fumado durante varios años
ha influido para que mucha gente haya tomado conciencia de la acción nefasta
del consumo del cigarrillo y hayan dejado de fumar. A partir de los años
70, la curva de consumo de tabaco comenzó una trayectoria descendente en
países como los EEUU, Gran Bretaña y los Países Escandinavos.
Por desgracia, no ha sucedido lo mismo en Argentina, donde el consumo de tabaco
aumenta anualmente entre un 2 y un 4%, por falta de políticas educativas.
El consumo
de tabaco durante varios años y en todas sus formas, cigarrillos, cigarros
y otros, está en relación directa con la aparición de dos
grupos de enfermedades: respiratorias y circulatorias. Nos referiremos solamente
a las primeras: el cáncer del pulmón y el enfisema pulmonar.
El
cáncer del pulmón era una enfermedad muy rara en los albores del
siglo XX, pero a medida que aumentó entre los varones el consumo de cigarrillos
se asistió a un aumento paralelo de la enfermedad estableciéndose
así una relación directa entre ambos fenómenos.(Peto R et
al. Mortality from smoking in developed countires. Oxford University. Press 1994))
La difusión del tabaquismo entre las mujeres se produjo recién después
de la Segunda Guerra Mundial y, tres décadas después, la incidencia
del cáncer entre ellas se acercó a la de los varones. El manejo
de esta enfermedad ha sido decepcionante. La resección del tumor, combinada
con la radioterapia y últimamente con la quimioterapia, no supera un 12
a un 14% de curaciones, o sea, una supervivencia de 5 años sin tumor. Estas
cifras se mantienen constantes desde hace muchos años y no existen posibilidades
de mejorarlas.(Rom W et al. Am J Resp Crit Care Med 2000; 161:1355-1367) Las tendencias
en los centros médicos más desarrollados se orientan a los diagnósticos
más tempranos del cáncer, con lo que su tratamiento quirúrgico,
sin dudas el más eficaz, puede suministrar un porcentaje elevado de curaciones.
Para ello, se están utilizando actualmente métodos de diagnósticos
por imágnes más precisos, como la tomografía computada helicoidal
y la tomografía con emisión de positrones, que permiten descubrir
los nódulos pulmonares solitarios de pequeño tamaño, cuando
son asintomáticos. Se han iniciado estudios de catastro entre fumadores
sin síntomas con ese fin. Pero el problema del cáncer del pulmón
no hallará su solución con la medicina curativa, sino con la medicina
preventiva. Felizamente, se está asistiendo al comienzo de esa solución.
En los países donde se está produciendo desde hace alrededor de
tres décadas un descenso continuado del consumo de tabaco, a saber, EEUU,
Gran Bretaña, Suecia, Noruega y otros, ha comenzado en los últimos
años también a descender la incidencia y la mortalidad por cáncer
del pulmón, con lo que se ha quebrado por primera vez la curva ascendente
que no se interrumpió a lo largo de todo el siglo XX. (Greenle RT. CA 2000;
50(1):734) Mientras tanto, en el resto del mundo, inclusive entre nosotros, asistiremos
al aumento de esta enfermedad cuya elevada mortalidad no podemos controlar: el
alto consumo de tabaco lo asegura.
La
otra enfermedad íntimamente relacionada con el tabaquismo es el enfisema
pulmonar. Si bien, los fumadores crónicos padecen en su gran mayoría
de bronquitis crónica, caracterizada por tos y expectoración a menudo
permanente, sólo una proporción de ellos, alrededor del 15 al 20%
se presentan con un enfisema importante, que los lleva a una insuficiencia respiratoria
y a la consiguiente incapacidad.
Los
adelantos alcanzados recientemente por la biología molecular han permitido
aclarar casi del todo los mecanismos patogénicos por los cuales, la acción
prolongada del humo del tabaco lleva a la destrucción del tejido elástico
pulmonar y como consecuencia al enfisema. (Pilheu JA. Rev Arg Tòrax 1993;
54 (3-4):243-254)
Resumiendo
dichos mecanismos, podemos decir que el disbalance elastina-elastasa, el disbalance
oxidantes-antioxidantes y la insuficiente recomposición de la elastina
alterada por dichos disbalances constituyen las alteraciones más importantes
que llevan al enfisema. (Sentor R. Chest 2000; 117:320S) Como es bien sabido,
la prevalencia de esta enfermedad es elevada entre la población de fumadores,
en ambos sexos y las terapéuticas que se aplican a estos pacientes distan
de ser eficaces. La incapacidad de estos pacientes es progresiva y el acortamiento
de la vida es evidente.
En
los últimos años se ha propuesto un tratamiento quirúrgico
para los enfisematosos con alto grado de insuficiencia respiratoria, que consiste
en la resección de alrededor del 20 al 30% de los pulmones, muy a menudo
de los lóbulos superiores, con lo que se obtiene un mejor funcionamiento
torácico y reducción de los síntomas. Se trata de un tratamiento
aún en ensayo, con una mortalidad operatoria no despreciable, un alto costo
y resultado alejado, aún no conocido. (Cooper JD et al. J Thorax Cardiovasc
Surg 1995; 109:106-116)
También,
los enfisematosos pueden beneficiarse con el trasplante de pulmón, uni
o bilateral, que presenta análogos inconvenientes y ventajas que la reducción
de volumen descripta más arriba. Conviene destacar que, entre los pacientes
sometidos a redución de volumen, se han encontrado en los segmentos del
pulmón resecado, alrededor de un 5% de nódulos neoplásticos
que no habían sido detectados por los métodos usados antes de la
operación.
En
resúmen, estas dos enfermedades, el cáncer del pulmón y el
enfisema, cuya incidencia ha aumentado a lo largo del siglo en relación
directa con el aumento del consumo del tabaco, constituyen situaciones para las
cuales la medicina curativa ofrece actualmente muy pocas posibilidades de curación.
A juzgar por
la experiencia recogida en los mejores centros especializados del mundo, no se
avizoran resultados en las décadas futuras. Existe un único camino
para controlarlas y es la medicina preventiva: conseguir por todos los medios
que las personas dejen de fumar.
Profesor
Consulto Dr. Jorge A. Pilheu
Buenos Aires, diciembre de 2001